22. Mi pedacito favorito del día
Las siguientes semanas pasan como agua entre mis dedos. Ander aparece casi todas las mañanas en la librería: a veces solo para darme un beso, traerme croissants y llevarse su café; otras, cuando está trabajando, llega de pasada, apenas unos minutos, pero suficientes para iluminarme el día. Me encanta cuando me roba besos mientras acomodamos libros, aunque también tengo que regañarlo porque, con esos horarios tan largos, no quiere irse a descansar, le ofrezco mi habitación para que duerma un rato, pero no quiere y casi tengo que obligarlo. Me tiene completamente embobada. Cada gesto, cada sonrisa, cada beso… incluso la forma en que se preocupa por mí. Es algo que nunca había vivido o no de esa manera. Sí, tuve noviazgos hace mucho tiempo, pero éramos inmaduros y todo era distinto. Lo que Ander me demuestra cada día es inexplicable; me sorprende, me deja sin defensas y me hace sentir algo que creí que ya no existía para mí. Nuestros horarios no son fáciles, pero aun así nos damos tiempo
Leer más