33. La Bella Durmiente
—Hijo —entra mi padre, acompañado de Adriel.
—¿Cómo estás, hermano? —pregunta Adriel, acercándose con preocupación. Me pongo de pie y me inclino para abrazarlo.
—Necesito que despierte… solo entonces podré responderte.
—Lo siento, hijo —mi padre, palmea mi espalda—, estoy seguro de que se va a recuperar.
—Lo sé, papá… pero no puedo verla así, es demasiado.
—Danae está destrozada —dice Adriel—. Hayleen le contó lo del bebé.
—Puedo imaginarlo.
—¿Y tu mamá? —interroga mi padre.
—Fue a traer algo