102. Lluvia
—No me dejes, te lo ruego. Prometo esforzarme cada día para que seas feliz si te tengo a mi lado.
Su voz era lejana. Débil. Suave como el susurro del viento. Un pitido constante resonaba a mi alrededor. Apreté ligeramente los ojos como si eso me ayudara a ver mejor. Moví con levedad mi mano. Un leve jalón en ella.
—Katherine…
Su voz llegó antes de que la luz se filtrara en mis pupilas. Apagada. Débil. Familiar. Sus dedos acariciaron los míos como si fueran lo más valioso de su vida, apretándolos