XIMENAEstábamos en el piso, queriendo que me llenara y no solo de besos, estaba dispuesta, quería ser suya, quería que entrara en mi ser y entré. Pero inoportunamente mi amiguita Mia, que intentando no interrumpir, se quedó parada en la puerta, creyéndose invisible, dándole vuelo a sus pasiones voyeristas y a Ángelo parecía no importarle, pero a mí sí, claro, yo no era capaz de estar con un hombre a solas y menos ahora con un tercero observándonos. Lo apartó; aunque se resistió, parecía un bebé desesperado porque le quitaban el seno. Mire mal a mi amiga, que hizo un gesto de morderse la lengua. Alzo los hombros diciendo: —Por favor, me disculpan, yo subí a buscarlos, pues la cena se está enfriando, qué pena, no quería interrumpirlos,La muy maldita, la odié en ese momento, se sintió mal y se desapareció; solo escuché sus tacones al bajar la escalera, estaba dispuesta a seguir hasta las últimas consecuencias y podía ver el fuego en su mirada, Ángelo estaba que explotaba. De pronto suc
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