Esa mañana, el sol de Medellín apareció tímidamente detrás de la bruma, como si no quisiera presenciar la tormenta que iba a estallar dentro de la Mansión Valderrama. Valentina se encontraba de pie frente al espejo, vistiendo un vestido de seda color plata grisáceo, ceñido y cubierto. Se pintó los labios con un lápiz labial rojo pálido, mirando su reflejo sereno sereno como la superficie del mar antes de un tsunami."Todo está listo, Señora", susurró la Enfermera Elena, enfermera senior que ahora la acompañaba constantemente. "El Señor Sebastián está esperando en la planta baja. Hay invitados no esperados".Valentina sonrió levemente. "No son no esperados, Elena. Solo han llegado un poco antes de tiempo".Cuando Valentina descendió la imponente escalera de caracol, vio una escena que hizo que su corazón latiera con fuerza por la adrenalina. En la sala de estar principal, Sebastián estaba de pie con los brazos cruzados, su rostro tan oscuro como el cielo antes de una tormenta. Dela
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