La Mansión Valderrama ahora se siente como un monumento a la victoria. Desde la toma del poder en la junta directiva de ayer, el aroma del poder de Sebastián se percibe en cada rincón de los pasillos. Nuevas alfombras persas, pinturas de millones de dólares que reemplazan la colección rígida de Mateo, y sirvientes que se inclinan más bajo cuando Valentina pasa.Pero para Valentina, este lujo resulta sofocante.Ella está sentada en un sofá de terciopelo en la sala principal, mirando la pantalla de su teléfono móvil. La radiografía de Miguel con la nota "Rastro de Arsénico" es como una astilla que le clava en los ojos. A su lado, Sebastián está ocupado con su teléfono satelital, ordenando la limpieza total de los restos de los leales a Mateo."Vuelves a estar en las nubes, mi amor", dice la voz de Sebastián, rompiendo el silencio. Cierra su teléfono, luego se sienta junto a Valentina y acaricia su vientre aún plano con una suavidad que le eriza la piel de la nuca. "¿Estás pensando
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