La mañana en la Mansión de El Poblado ofrecía un paisaje engañoso.
Una ligera bruma cubría las montañas de Antioquia, mientras que en la terraza trasera, una mesa de roble había sido puesta con vajilla de porcelana Limoges cuyo valor podría financiar una escuela en el barrio.
Sebastián se había ido muy temprano a la sede central para finalizar los documentos de adquisición de las acciones que le había arrebatado a Elena.
Valentina se quedó sola, o al menos eso creyó, hasta que vio a Mateo Val