Capítulo 54 — Lo que no se dice también pesa
Narrador:
Los días que faltaban para el fin de semana en que irían por Iván pasaron con una rapidez inquietante, como si el tiempo mismo se hubiera puesto del lado de la urgencia. Nadie en la mansión tenía espacio para el descanso. Cada hora estaba cargada de decisiones, reuniones y movimientos calculados con una precisión casi obsesiva. Caín sabía que en una operación de ese calibre no había margen para errores. Si algo fallaba, no solo perderían la