Capítulo 139 —¡Supongo que fue un sí!
Aurora se alejó del despacho de Caín con la sensación de que el aire de la mansión se volvía cada vez más ralo. Sus piernas, antes firmes como el mármol, ahora se sentían como gelatina, y su corazón... aquel órgano que durante tanto tiempo había sido un músculo silente, latía con una violencia que la perturbaba. Se había acostumbrado a la paz del frío, y ahora, de golpe, no solo latía como el de una humana, sino que las taquicardias la obligaban a detenerse