POV: EinarEl oro no se come.Esa era la lección más antigua y cruda de nuestra especie, una que el Sur había olvidado tras siglos de comodidades, campos de trigo dorado y banquetes bañados en vino.Nos habíamos creído civilizados.Nos habíamos vestido con sedas, forjado coronas de cristal y redactado leyes complejas que nos hacían sentir superiores a las bestias que habitaban en nuestro interior.Pero cuando el frío apretaba, la seda no calentaba la sangre. Cuando el estómago rugía, las leyes no llenaron el vacío.Estaba sentado en el despacho del Ala Administrativa, el lugar que Sigrid me había asignado como mi nueva prisión sin barrotes.Frente a mí, los libros de contabilidad del reino se apilaban en montañas inútiles. Las arcas de la Ciudad Dorada estaban a rebosar, teníamos cofres llenos de diamantes de las minas del este, lingotes de oro puro, esmeraldas y plata. Éramos, en papel, el imperio más rico del continente.Pero mi manada se estaba muriendo de hambre.Me froté las sien
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