POV: Narradora OmnipresenteEl frío de la mañana parecía haber congelado el tiempo en el patio de armas del Palacio Dorado.Con Astrid finalmente encerrada en las entrañas de la torre oeste y sus gritos ahogados por la pesada piedra, la tensión inmediata de una guerra civil se desinfló ligeramente, dejando tras de sí un ambiente de agotamiento abrumador.La multitud de plebeyos, asegurados en su sumisión a la Emperatriz, reanudaron lentamente su frenética tarea de arrancar pedazos de carne de los inmensos cadáveres traídos del Norte. La Guardia Dorada, aún formando una línea defensiva floja, bajó los escudos.Einar, sin embargo, no miraba a su pueblo. Su atención estaba anclada de manera obsesiva y monomaníaca en la mujer de cabello blanco que gobernaba el escenario desde las alturas.La mente del Alfa destronado, incapaz de procesar el absoluto desprecio que Sigrid sentía por él, había construido un refugio psicótico. En su delirio, la invasión, la hambruna orquestada, la humillación
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