VIVIANA—¡Mamá, ya entendí! Y es cruel, muy cruel.—¿Qué entendiste, hija mía?—Que nos llamaste de acuerdo al nombre de nuestros padres, menos a mí; yo me llamo Laura, por la santa, eso me has dicho; mi hermana Eliana, por Elías; Lorena, por Lorenzo y... ¿Las demás también? ¿Acaso ninguna somos hijas de Juan? Y pensar que todas le decimos papá.—Ay, mija, pues padre no es el que engendra, sino el que cría... y obvio que Juan ni para eso.—Mamita, ¿cómo es que Lorenzo también se llamaba el esposo de la enfermera Pepita?, el monstro que me quería robar.—Es una coincidencia, hay miles de Lorenzo.—Sí, así como hay millones de Jon, lo complicado es que nos fijamos en el mismo hombre; por lo menos no es mi padre, o sino sería muy...—Ja, ja, ja, casi me sucede eso con otra hija; es muy gore.—Uish, mami, eso es tan bizarro.—La vida es un río que nos lleva con su fuerte caudal; y me fue muy difícil aprender a nadar contra la corriente, para cuando lo hice, descubrí que se lo lleva por no
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