POV: DAMIÁNMiré mis manos. Todavía temblaban, no por el frío, sino por la adrenalina residual de haber disparado contra un hombre que, en su locura, me ofrecía la paz. El Sembrador estaba muerto, pero sus palabras seguían germinando en mi cabeza. “Matarás a la única versión de tu esposa que puede darte una vida normal”.Me giré para ver a Elena. Estaba sentada frente a los monitores, pero no estaba mirando los datos. Sus ojos tenían ese brillo ámbar constante, una luz que ya no se apagaba ni siquiera cuando intentaba dormir. Ya no necesitaba cables para conectarse al barco; el barco parecía ser una extensión de su propio sistema nervioso.—Elena —susurré, acercándome con cuidado, como quien se acerca a una fiera herida—. Tienes que descansar. Llevas setenta y dos horas procesando las señales de los satélites.Ella no se movió. Su voz sonó plana, despojada de las inflexiones que solían hacerme sonreír. —Los Hijos de Gaia no se han detenido, Damián. La muerte del Sembrador solo ha acele
Leer más