Capítulo 76Miguel salió de "El Galeón" como si el mismísimo diablo lo viniera persiguiendo. No se detuvo a esperar que el dueño le devolviera el cambio de los diez mil dólares, ni le importó que la lluvia hubiera arreciado, convirtiendo las calles del pueblo en un camino de barro. Caminaba con la chaqueta abierta, dejando que el agua fría le empapara la camisa, tratando de apagar el fuego que sentía en el cuerpo.Pero el fuego no estaba afuera. Estaba en sus manos. Todavía podía sentir la presión de esa cintura pequeña bajo sus palmas, la firmeza de su piel y ese aroma a jazmín que lo estaba volviendo loco.—¡Maldita sea! —rugió, deteniéndose frente a un callejón oscuro.Se apoyó contra la pared de piedra y cerró los ojos con fuerza. En su mente, las imágenes se mezclaban de una forma tortuosa. Por un lado, estaba la noche en que encontró a Sofía, aquella vez en que ella, debido al alcohol, lo confundió con un gigoló.Recordaba la forma en que ella lo miraba, con una mezcla de inoce
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