Capítulo 96En el sótano, el montacargas descendió con un chirrido metálico que parecía taladrar los nervios de Sofía. Dentro, el ambiente era de una urgencia desesperada. El doctor Steiner sostenía la bolsa de oxígeno conectada a Miguel, quien yacía en una camilla de transporte, pálido y con la mirada perdida en el techo de metal. A su lado, en otra camilla más robusta y cargada de equipos, Gerardo Ríos seguía sumergido en su sueño inducido, ajeno al caos que su sola existencia estaba provocando.Guzmán esperaba en la salida del sótano con la camioneta encendida y la puerta trasera abierta. Al ver a Miguel en ese estado, sus ojos se ensancharon por un segundo, pero recuperó la compostura de inmediato.—¡Rápido! —ordenó Guzmán—. El personal de seguridad ya bloqueó la entrada principal. Vienen para acá.Justo cuando se disponían a subir la primera camilla, el sonido de varios frenazos sobre el pavimento helado los paralizó. Tres sedanes negros bloquearon la rampa de salida del sótano.
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