ClaraHan pasado cinco días desde aquella madrugada y siento que llevo cinco meses viviendo en una cuerda floja. Me levanto antes de que amanezca y regreso a casa cuando ya todos duermen, invento excusas con una naturalidad que me incomoda, sonrío cuando no tengo ganas y respondo preguntas con medias verdades que se sostienen apenas. El abuelo Edward me ha dicho un par de veces que últimamente casi no ve a Sebastian, que sale muy temprano y vuelve demasiado tarde, y yo asiento, le explico que están reorganizando algunos contratos importantes en la empresa y que por eso él está prácticamente viviendo allá. Con Liam hago algo parecido, pero más suave, llamamos por videollamada todos los días, Sebastian habla con él desde la cama del hospital fingiendo que está en la oficina, la cámara enfoca solo su rostro para que no se vean los cables ni el entorno blanco que lo rodea, y nuestro hijo no nota nada extraño, sonríe, le cuenta de la escuela, le enseña dibujos. Cada vez que cuelgo, siento
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