Desde muy joven, Ainara escuchaba a su madre decirle lo hermosa que era, lo brillante que era, así como le juró siempre que ella era la única heredera del imperio que los Mendoza habían creado. Aitana creció bajo su sombra, siempre forzada a estar humillada ante su grandeza y eso jamás debiera de haber cambiado, pero Aitana se había salido de su papel por completo. No lo soportaba, no podía soportar la idea de que su hermana mayor intentará ser mejor que ella, porque su lugar siempre había estado besando sus pies.Saliendo del auto, la hermosa mujer de cabellos castaños, deslumbrante cuerpo y mirada sensual, caminaba con gran elegancia y fina coquetería. Todas las miradas, femeninas y masculinas, se posaban sobre ella. Eso era lo normal, que todos la mirarán a ella, que todos la alabarán a ella. Aitana no tenía derecho a ser el centro de atención, ese era su papel, y el de ella era ser su alfombra. Con rencor, revisaba sus mensajes verificando que no había uno solo de ella cuando ante
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