Tocándose la frente y acomodándose el cabello, Fernando sonrió de ironía.
— Fernando Toledo, la has cagado monumentalmente, ¿Cómo voy a demostrarle que en verdad la quiero, si ella ahora me cree un monstruo? Nunca he aprendido a cerrar la boca — se reprochó a si mismo.
Dejándose caer en la silla tras su escritorio, se rió de sí mismo. Era patético, realmente patético. Se había enamorado de la ahora ex novia de su hermano hacía tantos años atrás, y había huido a hacer su vida al extranjero cuand