Al entrar en la oficina, Thomas cerró la puerta con fuerza. Tomó el teléfono de inmediato y llamó a Annie. Aguardó uno, dos, tres, diez repiques, pero ella no contestó. Frunció el ceño. Volvió a marcarle, mas no recibió respuesta. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué no le contestaba? ¿Lo estaba evitando?Esa idea lo irritó aún más. Se dejó caer en el sillón, exhausto. En ese momento comenzaron a entrar notificaciones, correos. Tenía que ponerse a trabajar. La ausencia de Annie no sólo convertía en un caos su oficina, sino su vida toda. Una hora antes, el coche de Jimmy se detuvo frente a la humilde casa. El pelirrubio descendió del coche y ayudó a Violet a bajar con cuidado, mientras Annie tomaba las bolsas con la comida que él les había comprado para almorzar. —Gracias, arquitecto —dijo Violet sacando las llaves de su bolso con manos temblorosas. —No te preocupes, yo abro —habló Annie, acercándose a ella. Finalmente entraron. Jimmy se despidió de ambas mujeres. Aunque ella
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