Thomas se aferró a mis caderas. Yo apoyé mis manos en el borde del escritorio y me impulsé ligeramente hasta quedar sentada sobre la superficie plana.
Sus manos recorrieron mis piernas. Sus dedos se colaron por debajo de la falda. Apenas sus dedos rozaron la parte interna de mis muslos, me arqueé arquearme apenas hacia él.
—Thomas… —Mi voz salió como un susurro—. No está b…
Sus labios regresaron a los míos, besándome con pasión ardiente. Aunque mi enojo seguía allí, el deseo se abrió paso,