Al entrar en la oficina, Thomas cerró la puerta con fuerza. Tomó el teléfono de inmediato y llamó a Annie. Aguardó uno, dos, tres, diez repiques, pero ella no contestó.
Frunció el ceño. Volvió a marcarle, mas no recibió respuesta.
¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué no le contestaba? ¿Lo estaba evitando?
Esa idea lo irritó aún más. Se dejó caer en el sillón, exhausto. En ese momento comenzaron a entrar notificaciones, correos. Tenía que ponerse a trabajar. La ausencia de Annie no sólo convert