CAPÍTULO 64Noah, Ava y los trillizos llegaron al lugar, pudieron entrar y avanzar por un largo pasillo que, de acuerdo a los planos que tenían, los llevaría hasta el sótano, nadie se interpuso en su camino, aunque iban alertas mirando hacia todos lados, descendieron por unas escaleras metálicas y otro pasillo los recibió.El aire en el sótano del Castillo del Halcón no era simplemente frío; era un frío quirúrgico, con ese olor metálico a nitrógeno líquido y ozono que Noah conocía demasiado bien. Las luces LED de color azul cobalto parpadeaban rítmicamente, como el latido de un corazón mecánico gigante.Al final, se alzó frente a ellos la Bóveda Criogénica…–Es una puerta de aleación de titanio sin cerraduras visibles, solo un panel de cristal líquido con cinco escáneres circulares –señaló Noah.–Es un protocolo de Sincronicidad Triple-Hélice –susurró Leo, ajustándose los anteojos mientras sus dedos temblaban ligeramente sobre el panel de control–. Esto no requiere huella dactilar, se
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