Narrado por HamzahEl día amaneció con el cielo más limpio de lo normal. Ninguna nube, ningún sonido más allá del viento rozando las palmeras del jardín. Pero yo lo sabía. Siempre lo supe: los días más hermosos cargan los mensajes más oscuros.Estaba en el despacho principal de la mansión, un salón amplio con ventanas que se abren al desierto, y que hasta entonces me ofrecía paz. Tenía una bandeja de dátiles al lado, un vaso de agua de rosas a medio terminar, y demasiados papeles para una sola mañana. Leía sobre las exportaciones de armamento, los valores prometidos por aliados nuevos y antiguos, los nombres que estaban dispuestos a seguirme si Khaled caía.Estaba ganando. O, al menos, eso parecía.El sonido de pasos apresurados me sacó de la lectura. Firmes, desesperados. Cuando la puerta se abrió, el sirviente apenas podía respirar.— Señor... ha llegado... algo.Levanté la mirada sin mover el cuerpo.— ¿Algo?Asintió, la piel pálida, los ojos abiertos de par en par. El miedo le cor
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