Capítulo 87. La niña caprichosa había muerto.
—Liam tiene poder —replicó Lidia. Le sostuvo la mirada. No parpadeó—. Tiene dinero. Tiene tecnología. Va a rastrear tus cuentas. Va a encontrar a las personas que contrataste. Andrés sonrió de medio lado. Una sonrisa depredadora. —Liam Cross es un rey en California. Allá compra jueces y tumba senadores. Pero esto es Rusia. Aquí, su nombre no vale un centavo de rublo. Andrés se enderezó. Caminó hacia el centro de la habitación. Abrió los brazos, mostrando el lugar. —Treinta millones de dólares robados, Lidia. ¿Sabes para qué sirven treinta millones en Moscú? —preguntó él. No esperó respuesta—. Sirven para comprar a la Bratva. Sirven para comprar generales del ejército. Todo este edificio, los hombres armados del pasillo, los perros de la entrada... los compré yo. Soy un socio protegido por la mafia rusa. Lidia apretó las uñas contra sus propias rodillas. Andrés había construido una fortaleza inexpugnable. Usó el dinero de Cross para financiar su propio ejército personal en territo
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