Capítulo 108. No quiero que el miedo decida por mí.
Al principio, Claritza lo besó como si el mundo se estuviera acabando. Como si cada segundo que pasaba con los ojos abiertos fuera una tortura insoportable. No fue un beso tierno ni una caricia planeada. Fue un impacto, un desahogo, una forma desesperada de ahogar el grito que le quemaba la garganta desde que escuchó las palabras de Liam.Lucas reaccionó en el mismo instante. Sus manos, que un segundo antes la sostenían con firmeza protectora, se enredaron en su cabello con una urgencia que bordeaba lo salvaje. No iba a apartarla. No iba a calmarla con palabras vacías. Le devolvió el beso con la misma intensidad brutal, mordiéndole el labio inferior con una desesperación que llevaba cocinándose a fuego lento.Ella gimió contra su boca. Sus dedos se aferraron al cuello de su camisa con tanta fuerza que sintió la costura ceder. Tiró hacia abajo, rasgando la tela sin ningún cuidado, necesitando sentir su piel contra sus palmas.Lucas gruñó. La levantó del suelo sin separar sus labios,
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