C61: La maldad tiene nombre y apellido.
Mientras Maxwell permanecía dentro de la habitación, Dominic se acercó lentamente a donde estaban sus hijos. Derek y Doménica estaban casi dormidos en el sofá de la sala de espera, con las cabezas apoyadas el uno en el otro.
Grace se puso de pie.
—Ya nos vamos al hotel, Dominic —dijo ella en voz baja—. Los niños están cansados.
Dominic bajó la mirada hacia los pequeños y sintió una opresión en el pecho. Se inclinó y les acarició el cabello con suavidad.
—Descansen, pequeños —susurró con ternu