Sarah se acomodó en el borde de la cama, acariciando la frente de Arthur mientras el niño descansaba después de recibir sus medicinas. —Cariño, quiero hablarte de Maxwell —comenzó Sarah, bajando la voz—. Él es un buen amigo mío, alguien de hace mucho tiempo. Me gustaría que ustedes también fueran amigos.Arthur la miró con esos ojos grandes y curiosos que tanto le recordaban a los de Maxwell, aunque todavía no podía decírselo.—Ese señor me cae bien, mamá —respondió el pequeño con sinceridad—. Me mira bonito. Además, él me salvó la vida, ¿verdad? Pero... extraño a papá Dominic.Sarah sintió una punzada de dolor en el pecho, pero forzó una sonrisa para no preocuparlo.—Papá Dominic debe descansar ahora, hijo. Ha estado mucho tiempo aquí cuidándote y necesita recuperar fuerzas. Pero apenas salgas de aquí, nos reuniremos con él. Para eso debes ser un niño bueno: tomar todas tus medicinas y comer toda la comida que te traigan.Arthur asintió con determinación. En ese momento, una figura
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