El aire en la suite se volvió denso, cargado de polvo, nitrógeno y electricidad estática.Elliot no se detuvo a evaluar la habitación. Con la precisión letal de sus años de entrenamiento militar, avanzó hacia la luz de la linterna táctica que temblaba en las manos de Christian Van Camp.Christian, cegado por el pánico y la oscuridad, apretó el gatillo. El disparo ensordeció a todos en la suite, pero la bala se incrustó inofensivamente en el techo. Antes de que pudiera apuntar de nuevo, Elliot ya estaba sobre él. Con un movimiento rápido y brutal, le torció la muñeca hasta que el arma cayó al suelo con un ruido sordo, y de un empujón, arrojó al heredero de los Van Camp contra el ventanal de cristal.—¡Elliot! —el
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