—¡Es una traidora! ¡Una traidora! ¡Debemos matarla! —el grito resonó en la sala de la manada, sacudiendo los cimientos de cada alma presente. La furia y la rabia eran palpables, y Meissa supo que no podía quedarse allí un segundo más.El aire se volvió denso, cargado de miedo y de peligro inminente, y su corazón latía tan rápido que parecía querer estallar en su pecho. Cada latido le recordaba que, si la atrapaban, no habría clemencia. Era la traidora de la manada, la que había herido al Alfa Lysander, y por eso ahora debía luchar por su vida.Sin pensarlo, se retiró unos pasos, dejando atrás los gritos y la ira concentrada en aquel salón.Su respiración era agitada, su cuerpo temblaba, pero algo más comenzó a surgir: el poder de su loba interior, esa esencia salvaje que siempre había estado latente dentro de ella. Sintió cómo la sangre corría por sus venas con intensidad, y en un instante, su forma humana dio paso a la loba.Su cuerpo se alargó, se fortaleció y sus sentidos se agudiza
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