La fiesta seguía animada, con música suave, niños corriendo, adultos bebiendo, conversando y, por supuesto, David siendo disputado en brazos por todos. Mientras Ethan sostenía a su hijo, explicando por décima vez a Donald y Richard que “no, no y NO, no va a aprender a pilotar antes de los cinco años”, Zoe y Liam estaban un poco apartados, tomados de la mano, intercambiando miradas cómplices y, sobre todo, nerviosas.—¿Estás seguro? —preguntó Liam, acomodándose la manga de la camisa.—¡Claro que no! —respondió Zoe, arreglándose el cabello y resoplando—. Pero si no lo decimos ahora, voy a explotar. Mi vejiga ya está ocupada, mi útero está ocupado, mi cordura se fue… así que vamos de una vez.<
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