C63-MÁTALOEn la enfermería, Lucelia corría de un lado a otro. Había lobos heridos por todas partes, algunos en camillas, otros en el suelo. Los que podían moverse intentaban ponerse en pie, los que no, gemían.—¡Ayudame! —gritó a unas sanadoras asustadas—. ¡Tenemos que esconderlos!Dos lobas agarraron a un lobo herido y empezaron a arrastrarlo hacia el almacén. Lucelia cogió a otro, un cachorro con una herida en la pata, y lo metió debajo de una cama.—No te muevas —susurró—. Pase lo que pase, no hagas ruido.La puerta de la enfermería se abrió de golpe y dos Lobos de Fuego entraron, espadas en alto, sus ojos recorrieron la sala, vieron a los heridos y vieron a Lucelia, sus fauces se abrieron con satsfaccion.—Aquí hay más —dijo uno, sonriendo.Lucelia agarró lo que tenía más a mano, un cuchillo de curandera, pequeño, tonto, sus manos temblaban, sabía que no podía con ellos, sabía que iba a morir.Pero entonces Maddox apareció en la puerta.Estaba cubierto de sangre, la respiración l
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