Sophie empujó la puerta de la cafetería y una campanilla anunció su llegada. Como cada vez que visitaba aquel lugar, se dirigió directamente al mostrador.—Bienvenidos —saludó Cassandra, la dueña del local, levantando la vista. Al verla, sus ojos se iluminaron—. Oh, Sophie. —Entonces reparó en el hombre que la acompañaba y arqueó una ceja con picardía—. Así que hoy trajiste compañía. Y no está nada mal, por cierto.—Cassandra... —la reprendió Sophie.Debió haber imaginado que diría algo así.Llevaba años visitando aquella cafetería y, con el tiempo, había entablado una amistad con Cassandra. Era una mujer de mediana edad tan amable como curiosa, y no tenía pelos en la lengua. Desde que la conocía, siempre encontraba la forma de preguntarle por su vida amorosa. A veces parecía igual de obsesionada con su vida amorosa que su mamá.—Entonces, ¿están en una cita?—No. Él es solo un... —Recorrió a Blaze de arriba abajo antes de hacer una pequeña mueca—. Conocido, supongo.Blaze ni siquiera
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