El jueves a las cuatro, Liam entró a la habitación de Max.El corredor del cuarto piso tenía la luz de siempre, esa claridad suave de la tarde que ya pertenecía a las visitas tanto como la mecedora, la cuna, la lámpara beige. Todo parecía ocupar su lugar habitual, pero Alice sabía que la habitación ya no era exactamente la misma desde el miércoles anterior.Liam llegó con el libro azul en la mano. Al cruzar el umbral, miró primero a Max, que estaba en brazos de ella, moviendo las piernas con la energía del ciclo activo de las cuatro. Después miró a Alice, y en esa pausa breve hubo una intimidad distinta, una que no necesitó recordarle el beso ni el bar para existir.—Parece que hoy viene con energía —dijo Liam, con la voz baja.—Desde las tres y media.—Entonces llegué en el momento difícil.—Llegaste en el momento exacto.La frase quedó entre ambos con más peso del que habría tenido semanas atrás. Liam la recibió sin sonreír demasiado, sin tocarla. Solo asintió, como si entendiera que
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