-Ando muy escasa de tiempo, Hubert . En la próxima semana debo volar a Japón a cumplir una serie de presentaciones y pasarelas-, le dije. Eso era verdad y no una mera excusa. Yo tenía sendos desfiles de modas en Osaka, Nagoya, Shizuoka y Tokio contratada por una famosa diseñadora de ese país, además que debía inaugurar la sucursal de mi hotel en Yokohama y que sería ultra moderno, con un diseño vanguardista y hasta cibernético con gran impacto mundial. -Tengo tiempo, entonces, de sobra para que me acompañes a tomarnos un café-, me subrayó Hubert sin embargo con un tono meloso y romántico, extraño en él porque siempre, cuando hacíamos los videos, él me trataba con desdén, minimizándome, pensándose que estaba tres o cuatro peldaños encima mío y que yo le era muy pequeña a su lado, poca cosa, inclusive. -¿Tomar un café?-, quedé sorprendida. Me parecía una invitación tonta y ridícula. -Sí, me gustaría verte, charlar, hablar de ti, de mí, je je je, hablar de lo que hemos hecho tod
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