—Mientras esté en el extranjero, no olvides mantenerte en contacto y preguntarle cómo está —aconsejaba Courtney a su hija—. A los hombres les encanta sentir que una mujer se preocupa genuinamente por su bienestar.Sienna asintió con una sonrisa de suficiencia.—Lo sé, mamá. Descuida, sé perfectamente qué hacer.A las dos de la tarde, Damian iba en el asiento trasero de su Bentley negro camino al aeropuerto. El teléfono vibró: era Gerald. La expresión de Damian se ensombreció, pero aun así contestó.—¿Qué quieres?—Hermano, ¿sigues enojado conmigo?—Ve al grano, Gerald. No tengo tiempo.—Fiona me acaba de decir, con ese sarcasmo pasivo-agresivo que la caracteriza, que si no ve el acuerdo de divorcio firmado hoy mismo, va a presentar la demanda ante el tribunal mañana a primera hora.Damian frunció el ceño, mirando por la ventanilla.—Entendido.Colgó de inmediato y, acto seguido, llamó a Adeline.En la obra del monte Ardwood, Adeline observaba bajo un sombrero para el sol cómo los trab
Leer más