Adeline estaba convencida de que, esta vez, Damian estaba fingiendo de forma magistral. Si no había recibido el acuerdo original, ¿por qué demonios le había dicho antes que necesitaban redactar uno nuevo?
—Damian, no me hagas menospreciarte más de lo que ya lo hago —se burló ella con amargura—. Mañana es la fecha límite. Ya puedes irte.
Dicho esto, Adeline caminó hacia la puerta, la abrió de par en par e hizo un gesto gélido indicándole la salida. Pero Damian permaneció sentado, con sus ojos pr