Damian preguntó con voz contenida: —¿Algo más? —Los moretones en los tejidos blandos de su frente y brazo sanarán con el tiempo con un poco de ungüento —respondió el médico. —Está bien, lo entiendo. Gracias, doctor.Luego se oyó el sonido de pasos alejándose. Adeline, aunque aturdida, sabía perfectamente que la habían llevado al hospital. Abrió los ojos lentamente, sintiendo que la habitación daba vueltas. —Oh, al fin despiertas.Lauren estaba junto a la cama, mirando a Adeline con una expresión de severidad absoluta. Su tono era sarcástico, como si le molestara que Adeline hubiera recuperado el conocimiento. Damian, que estaba en la puerta, se giró rápidamente al oírla: —Doctor, está despierta.Adeline intentó incorporarse apoyando las manos en el colchón, pero un mareo punzante la obligó a detenerse. En ese momento, Rupert, que estaba sentado en el sofá de la habitación, se levantó rápidamente. —Adeline, no te apresures. Quédate acostada, tienes una conmoción cerebral. Lauren resopl
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