El hallazgo llegó en una tarde de sábado, cuando Rubi tenía trece años y había decidido que limpiar su habitación era preferible a estudiar para el examen de álgebra del lunes. Estaba metida hasta las rodillas en una avalancha de ropa que había olvidado existía, excavando a través de capas de su propia historia adolescente, cuando sus dedos rozaron algo que no era tela.Un sobre. Amarillento en los bordes por tres años de estar escondido entre suéteres que ya no le quedaban. Su nombre escrito en la letra cursiva que reconocería en cualquier lugar, aunque no la había visto en persona desde que tenía diez años."Para mi pequeña dragona."Las manos de Rubi temblaron mientras rasgaba el sobre con una urgencia que bordeaba la violencia. Dentro, el papel color crema que olía levemente a ese perfume que todavía a veces creía reconocer en multitudes.Leyó las palabras que había leído cientos de veces cuando tenía diez años, pero que ahora —a los trece, con tres años de terapia y demasiadas pr
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