No quiero perder a mi princesa.
A la mañana siguiente, Alejandro Rodríguez, mandó llamar a su hija a su oficina.
Alondra llegó puntual. Vestida en un traje profesional hecho a medida. Sus cabellos largos caian en ondas sobre su espalda y cintura.
Sus pasos eran lentos pero firmes al caminar hacia su padre.
El CEO estaba revisando varios documentos en ese momento. Apenas la escuchó llegar. Levantó la mirada de la pila de papeles.
Mientras que a Alondra, algo en su expresión le hizo sospechar que aquella no sería una