La heredera Rodríguez, nunca esperó perder su virginidad aquella noche, pero algo era seguro, ella no se arrepentía de nada.
Entre los brazos del jóven CEO, podía sentir como la enloquecía de placer. Cada embestida profunda le daba una sensación de éxtasis que no podía describirse con palabras.
— Raymundo...
La bella jóven llamó el nombre del CEO mientras se aferraba a él, y le arañaba la espalda.
— Si, nena, dí mi nombre, quiero escuchartelo decir.
Tal vez alguna vez la jóven Rodr