El hombre trago grueso, no podía fijarse en la nodriza de su hija, la alimentación de la niña era lo más importante, sin su madre cuidando de ella toda ayuda era bien recibida. — ¡CEO Cienfuegos, no lo esperaba! La castaña se apresuró a cubrirse con una manta, había sido su descuido, no era como si pudiera prohibirle la entrada al dueño de la mansión, ella era solamente una empleada, con muchos beneficios, si, pero no tenía voz ni voto en ese lugar. — Aquí es donde vivo, señorita Macias, ¿Dónde más voy a ir cuando termine de trabajar? — El hombre pronto tocó el tema que tenían en común. — ¿Ha comido bien, Mia? Me preocupa que rechace el seno. — No, no lo ha rechazado, ha estado comiendo muy bien, ella es muy buena niña, solo llora cuando tiene hambre, también le gusta mucho que la arrullen, oh, y que le canten una canción de cuna. — ¿Todo eso? ¿Cómo lo sabes? — Lo sé porque... Ella a veces está inquieta, pero cuando la cargo y le doy de mi seno se queda tranquila, cuand
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