La mujer más dulce e ingenua que he conocido.
El hombre trago grueso, no podía fijarse en la nodriza de su hija, la alimentación de la niña era lo más importante, sin su madre cuidando de ella toda ayuda era bien recibida.
— ¡CEO Cienfuegos, no lo esperaba!
La castaña se apresuró a cubrirse con una manta, había sido su descuido, no era como si pudiera prohibirle la entrada al dueño de la mansión, ella era solamente una empleada, con muchos beneficios, si, pero no tenía voz ni voto en ese lugar.
— Aquí es donde vivo, señorita Macia