Chloe, tenía mala cara, ella se sentía mucho más que esa simple repostera, lo tenía todo, coches, dinero, cuentas en el banco, ropa de diseñador, joyas costosas, ¿Cómo podía alguien tan simple como Franchesca, compararse con ella. Una risa de burla estalló en el lugar, la socialité reía a carcajadas, las palabras del CEO, habían sido como un chiste para ella. — ¿Estás loco? ¡Yo soy la princesa de mis padres, ellos me lo dan todo, vivo como una reina, tengo sirvientes a mi disposición, puedo comprar la ropa de cualquier diseñador! ¿Y así te atreves a decir que esa repostera es mejor que yo? ¡Patrañas! — Lo digo y lo sostengo, Franchesca, se está abriendo camino por ella misma, tu solo eres lo que eres por el dinero que te dan tus padres, ella es bondadosa, inteligente, auténtica, tu eres banal, engreída, mala entraña, las perdidas de Augusto, al haber cambiado a Franchesca, por ti, son más que evidentes y terribles. — ¡Augusto, haz algo con este hombre, me está ofendiendo y
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