Capítulo 145 Cuando el orgullo se baja El Atelier estaba distinto a lo de siempre esa tarde. Risas cruzadas entre mesas, telas volando de una mano a otra, Alessandra girando con un retazo como si fuera un vestido de gala y Diana persiguiéndola para que no se pinche con los alfileres. —¡Princesa, vení acá que te podés pinchar! —le dijo, medio riéndose, medio en serio. La niña escapó igual, con esa risa que desarma a todo el grupo, liviana, contagiosa, llenando cada rincón del lugar. Julieta la seguía con la mirada, apoyada contra la mesa de corte. Claudio estaba a su lado, atento, como si ya hubiera aprendido a leer sus silencios, a quedarse en ellos sin invadir. La puerta se abrió. Y el ruido de las risas se apagó en cuanto la vieron entrar . Hubo un freno. Diana levantó la vista primero. Beatriz Fernández estaba parada en la entrada. Sola. Sin cartera llamativa, sin lentes de sol, sin esa postura rígida de otras veces. Se quedó ahí, como si no estuviera segura
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