Cerca de Lilac Land había una larga carretera asfaltada, flanqueada por hileras densas de árboles a ambos lados.Las copas crecían tan juntas que casi se tocaban, y el cielo, pálido y sin color, apenas dejaba pasar una sola franja de luz entre el follaje espeso.Sobre el asfalto, aquella luz se estiraba como una cicatriz luminosa.Sylvia corría junto al borde de la carretera.Un fino sudor se filtraba por su rostro pálido, pero no se detuvo a limpiarlo.Siguió corriendo, una y otra vez, sin pensar en detenerse.El camino no parecía tener fin.Y ella tampoco pensó nunca en parar.Desde atrás, un superdeportivo gris oscuro avanzó lentamente, alcanzándola.El hombre al volante apoyaba una mano sobre el volante, de dedos largos y elegantes, nudillos marcados.Bajo unas cejas afiladas como cuchillas, sus ojos estrechos se clavaron en la figura que corría delante.La chica corría al costado del camino.La luz fragmentada que atravesaba las hojas caía sobre su ropa blanca, temblando como mar
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