Cubrió mi cuerpo con el suyo, y el contacto de su piel contra la mía fue como un electroshock. Cada centímetro de mi ser despertó al sentir su peso, su calor, su erección presionando contra mi vientre a través de la tela de su pantalón. Sus manos recorrían cada curva, cada rincón, con la devoción de quien ama y conoce cada centímetro del otro.—Te quiero —susurré contra su boca—. Te quiero tanto, Dorian.—Y yo a ti —respondió, besándome con una pasión que no había disminuido con los años—. Más que a mi vida. Más que a todo.Sus besos descendieron por mi cuello, mordisqueando, succionando, dejando pequeñas marcas que desaparecerían en horas pero que en ese momento eran su firma sobre mi piel. Mis hombros, mis pechos, el valle entre ellos. Cada punto que tocaban sus labios se encendía como una llama.Cuando su boca encontró mi pezón de nuevo, gemí, arqueándome contra él, buscando más contacto, más piel, más de él. Su lengua dibujó círculos alrededor, lentos al principio, torturándome, y
Leer más