Capítulo 59: El Manantial de los SuspirosLa tormenta alcanzó su punto máximo al caer la tercera semana de encierro. El viento, una bestia invisible que aullaba entre las grietas del granito, parecía querer arrancar la casa de sus cimientos, pero los muros de piedra blanca, anclados a la raíz misma de la montaña, no cedieron ni un milímetro. Sin embargo, el frío se había vuelto un enemigo persistente, filtrándose por el suelo y entumeciendo los sentidos.Alaric, preocupado por la comodidad de Isolde, había pasado la mañana explorando los niveles inferiores de la estructura. Siempre había sentido una calidez inusual proveniente de las losas del sótano, un pulso térmico que no coincidía con el fuego de la chimenea. Tras apartar una pesada losa de piedra que parecía sellada por siglos de sedimentos, descubrió lo que la montaña les tenía reservado: una escalera de caracol tallada en la roca viva que descendía hacia las entrañas del valle.—Isolde, ven conmigo —le pidió, envolviéndola en u
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