El regreso a la vida no fue un estallido de luz, sino un lento y doloroso ascenso a través de capas de algodón gris.Primero volvió el sonido. Un pitido rítmico, constante, irritante. Beep... beep... beep... Luego, el zumbido bajo de una máquina que parecía suspirar cada pocos segundos. Y finalmente, el sonido de la lluvia golpeando contra un cristal lejano.Maxxine Cavendish intentó abrir los ojos, pero sus párpados pesaban toneladas. Sentía el cuerpo extraño, desconectado, como si perteneciera a otra persona. Tenía sed. Una sed antigua y seca que le raspaba la garganta.Intentó tragar, pero algo le molestaba. Un tubo.El pánico se disparó en su pecho, una llamarada repentina en la oscuridad. Intentó moverse, luchar contra las ataduras invisibles de la sedación.—Tranquila... shh... tranquila.Una voz. Grave, rasposa, famili
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