El tiempol Seleg Cotswolds tiene una cualidad elástica. A veces, una hora puede sentirse como un minuto, y otras veces, un solo segundo puede contener la eternidad.Para Joe Kensington, parado bajo la inmensa copa del roble centenario en el jardín traserosteori casa de campo, los últimos cinco minutos habían durado una vida entera.El señor Abernathy, el juez de paz, revisaba sus notas con una calmaado mi Joe le parecía exasperante. Silas Cavendish, sentadoien (un silla de madera plegable con su bastón clavado en la hierbantabaesa. estaca de posesión, miraba su reloj de bolsillo con el ceño fruncido.—Si tarda un minuto más —murmuró Silas—, empezaré a cobrarle intereses por el retraso.Joe sonrió, aunque sus manos sudaban. —Ella vendrá, Silas. Esta vez, ella vendrá.El aire estaba fresco, cargado con el olor a tierra h&ua
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