La mesa crujía. Rechinando más que la misma cama. Para Dayana era como si el mundo completo se estuviera moviendo. Jaziel aumentó la velocidad, junto con él se agitaba la madera vieja. Saliendo de su mente aturdida, Dayana fue consciente de que la mesa se aflojaba más cada vez - regresemos a la cama - habló con dificultad, cerca de su boca; pero él no le hizo caso. Yendo, a cambio, más rápido - aquí no… - insistió; mientras sus embestidas los llevaban a la perdición. La sensación se hizo mayor, haciendo que olvidara por un momento en dónde estaba. Hasta que, de repente, la mesa crujió con un movimiento violento. El alma de Dayana salió de su pecho. Por un momento creyó que caería. Asustada, dio un empujón. Haciendo que Jaziel retrocediera - ¡aquí no! - repitió,
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